Los peligros de la falta de sueño: por qué descansar mal equivale a conducir borracho
Según cuenta en Men's Health, ella misma vivió durante años bajo el mito de la hiperproductividad antes de entender lo que estaba perdiendo.

Roser Gort, psicóloga experta en sueño: "Si no dormimos bien, es como haber bebido alcohol y creer que puedes conducir"
La psicóloga y divulgadora Roser Gort, autora de El sueño lo cura todo, lanza una comparación que debería activar alarmas en cualquiera que haya normalizado dormir seis horas: privar al cuerpo de descanso equivale a exigirle el máximo rendimiento con un motor desgastado, como haber bebido alcohol y creer que todavía puedes conducir. Según cuenta en Men's Health, ella misma vivió durante años bajo el mito de la hiperproductividad antes de entender lo que estaba perdiendo.
De "ya dormiré cuando me muera" a entender el sueño como reparación
Gort lo experimentó en primera persona. Tras volver de Noruega a Barcelona, compaginaba la oposición a psicología clínica con su trabajo en recursos humanos y la natación competitiva. Salía de casa a las siete de la mañana y volvía a las diez de la noche. Convencida de ser lo bastante joven y de que existía el café, recortó la noche hasta dejarla en seis horas.
Este planteamiento encaja en un modelo social que mide el valor personal por lo que producimos, señala la psicóloga. Hemos aprendido a ver el sueño como un paréntesis: tiempo perdido, planes perdidos, productividad perdida. En una cultura que asocia estar ocupado a estar valiendo, algo que se parece tanto a no hacer nada está condenado a ser lo primero que se recorte.
Sin embargo, por dentro ocurre lo contrario. Cada noche el organismo entra en un taller de reparación activo: las neuronas archivan la información del día, el corazón ajusta sus ritmos, los músculos reparan microlesiones y el sistema inmune se afila para el día siguiente.
La arquitectura de una noche bien aprovechada
La reparación nocturna no es un proceso homogéneo, sino una secuencia con dos bloques clave que no se pueden saltar. La primera mitad de la noche concentra el sueño profundo, dedicado a la restauración física y a la limpieza cerebral. La segunda mitad la domina la fase REM, encargada de procesar emociones y fijar recuerdos. Acostarse tarde o madrugar en exceso interrumpe estos bloques esenciales.
Las consecuencias del recorte aparecen antes de lo que creemos. Lo primero que se estropea no es la salud física, sino el carácter: menos paciencia, más impulsividad y mayor tendencia a experimentar emociones negativas. A nivel cognitivo, la memoria de trabajo se deteriora y aparecen despistes continuos. Gort lo resume con una imagen muy gráfica: estudiar o trabajar sin dormir es como llenar un vaso con agujeros, porque la información que entra en memoria a corto plazo no se consolida si el sueño profundo no llega a completarse.
El peligro invisible: no sabes lo que has perdido
El riesgo principal estriba en que la pérdida de capacidad supera la conciencia que tenemos de ella. No duermes menos y te sientes peor, duermes menos y crees que estás funcionando con normalidad mientras tu cerebro trabaja por debajo de su capacidad real. Es exactamente esta desconexión entre lo que rindes y lo que crees rendir la que hace tan difícil detectar el problema desde dentro.
Para empezar a cambiar el patrón, lo primero es reconocer que la noche no es un tiempo que se pierde, sino la parte del día en la que el cuerpo hace su trabajo más importante. Si te acostumbras a recortar el sueño pensando que ganas horas, estás cediendo precisamente la calidad que necesitas para aprovechar las que te quedan.