Señales de alarma en salud mental que exigen atención psicológica
Reconocerlas a tiempo, sobre todo cuando se mantienen semanas o empiezan a interferir en el trabajo, el sueño o las relaciones, marca la diferencia entre un bache pasajero y un problema que conviene…

Con motivo del Día Mundial de la Salud Mental, celebrado el 10 de octubre, el centro de psicología Psicomaster recordó las señales de alerta más comunes que pueden advertir de que el bienestar emocional está comprometido. Reconocerlas a tiempo, sobre todo cuando se mantienen semanas o empiezan a interferir en el trabajo, el sueño o las relaciones, marca la diferencia entre un bache pasajero y un problema que conviene atajar con apoyo profesional.
Qué vigilar, más allá del "estoy cansado"
La lista de indicios que conviene tener en el radar es amplia, y rara vez aparecen todos a la vez. Los más reconocibles son los cambios de humor sin causa aparente, la irritabilidad constante y los altibajos emocionales prolongados. El sueño funciona como un termómetro fiable: insomnio recurrente o, en el lado opuesto, dormir en exceso y no conseguir una rutina estable. También pesa la apatía, esa pérdida de interés por aficiones, tareas o personas que antes motivaban. Las dificultades para concentrarse, tomar decisiones simples o mantener la atención completan el cuadro, junto con pensamientos negativos recurrentes: sentirse inútil, dudar de la propia capacidad para salir adelante. A esto se suman cambios de apetito o de peso sin explicación, una tristeza o vacío persistente y una bajada de libido que no se justifica solo por causas físicas o por la medicación.
Cuándo deja de ser "una mala racha"
Una señal aislada no equivale a un trastorno. Lo que marca el límite es la combinación de tres factores: duración (semanas, no días), intensidad (interfiere con lo básico: comer, dormir, trabajar) y repetición (se cronifica). Si al menos dos de esos criterios se cumplen, conviene consultar con un psicólogo clínico o con el médico de cabecera para descartar causas orgánicas y, si procede, plantear un plan de trabajo. La detección precoz suele acortar los tratamientos y reduce el coste emocional de arrastrar el malestar en silencio.
Un primer paso esta semana
Antes de la consulta se pueden tomar tres medidas concretas. Primero, llevar un registro diario durante una semana: anotar el ánimo en una escala de 1 a 10, las horas y la calidad del sueño, el apetito y el nivel de energía, con un par de líneas sobre lo que ha ocurrido ese día; los datos valen más que la memoria cuando toca explicar qué pasa. Segundo, mantener los básicos a raya: horarios regulares para acostarse y levantarse, algo de movimiento suave cada día, alimentación sin grandes variaciones y evitar compensar el cansancio con pantallas a deshora. Tercero, decidir a quién llamar: el médico de cabecera como puerta de entrada, un psicólogo colegiado, o el servicio de salud mental de la comunidad autónoma si la situación apremia. El objetivo no es resolver nada en siete días, sino entrar a la primera cita con información útil y un mapa claro de qué observar.