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Patricia Ramírez avisa: hablar de tus problemas en bucle daña tu salud mental

Según El Periódico, la psicóloga Patricia Ramírez ha advertido de que hablar una y otra vez de un mismo problema puede acabar aumentando el malestar.

actualizado 19 de octubre de 2026

Patricia Ramírez avisa: hablar de tus problemas en bucle daña tu salud mental

La clave no es dejar de apoyarse en familiares y amigos, sino distinguir una conversación que ayuda a ordenar lo ocurrido de otra que nos mantiene dando vueltas a lo mismo.

Cuando desahogarse se convierte en un bucle

El Periódico recoge la reflexión de Ramírez sobre la corumiación, un patrón de conversación repetitiva en el que se revive un problema, se imaginan otros desenlaces y se repasa qué se podría haber hecho de otra manera. Según la psicóloga, ese proceso se asocia con síntomas de ansiedad y depresión.

Hablar de lo que nos preocupa puede aportar apoyo emocional y cercanía. El riesgo aparece cuando la charla no permite avanzar: se repiten las mismas preguntas, se buscan respuestas definitivas en lo que ya pasó o la conversación se limita a confirmar quién tuvo razón. En ese punto, el desahogo puede dejar de aliviar y alimentar la preocupación.

Una pauta sencilla para la próxima conversación

Antes de volver sobre un asunto, puede ayudar plantearse qué se necesita de la otra persona: que escuche, que ayude a pensar una opción concreta o que acompañe sin intentar resolverlo todo. Decirlo al principio da un propósito a la conversación y facilita notar si está siendo útil.

También conviene observar cómo termina. Si después de hablar hay más claridad o aparece un siguiente paso, la conversación quizá ha servido. Si solo deja más vueltas, tensión o reproches, se puede cambiar de tema, hacer una pausa o acordar retomarlo en otro momento. No hace falta cortar el vínculo ni guardarse lo que ocurre: se trata de no convertir cada encuentro en una repetición del mismo episodio.

Compartir, sin quedarse atrapado

La advertencia de Ramírez, tal como la recoge El Periódico, no presenta toda conversación sobre los problemas como perjudicial. Pone el foco en la repetición improductiva y en el efecto que puede tener sobre el ánimo, la confianza y la sensación de control.

Una pregunta práctica para comprobarlo es: «¿Esta conversación me está ayudando a entender qué necesito ahora?». Si la respuesta es no, quizá toque pedir otro tipo de apoyo o buscar un espacio distinto para abordar el problema.

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