Por qué no poder desconectar del trabajo es la principal alerta psicológica
Según publica La Razón, los psicólogos coinciden en que la incapacidad de desconectar mentalmente del trabajo al final de la jornada se ha convertido en una de las primeras señales de alerta del desgaste profesional.

Lo que antes era una situación puntual ahora se repite noche tras noche, y el límite entre la oficina y el hogar se ha difuminado con los teléfonos, el correo electrónico y las aplicaciones de mensajería.
Cuando la jornada termina, pero la cabeza no
El problema no es solo cuántas horas se trabaja, sino cuánto tiempo se siente que se podría tener que trabajar. Así lo explica Viviana Tartakowsky, directora de la Escuela de Psicología de la Universidad Bernardo O'Higgins, en declaraciones recogidas por BioBioChile. Cuando el teléfono sigue siendo una extensión de la oficina durante la noche, los fines de semana o las vacaciones, los espacios para recuperar energía, atención y disponibilidad emocional se reducen.
Tartakowsky describe una especie de "vigilancia anticipatoria": revisar el teléfono sin que haya sonado o pensar si habrá llegado un mensaje. "Es como tener un oído atento a la puerta aunque nadie haya tocado el timbre", ilustra. Esta atención constante fragmenta la concentración y dificulta el descanso, el sueño y la posibilidad de estar plenamente presente con otras personas. La académica recalca que "estar físicamente fuera del trabajo no necesariamente significa estar psicológicamente fuera de él. La jornada puede terminar formalmente a las seis, pero continuar en nuestra cabeza hasta la noche".
Karina Vargas, psicóloga clínica de RedSalud, añade que vivimos en una cultura que valora la productividad y la disponibilidad constante, y que lleva a asociar el valor personal con la cantidad de tareas realizadas. Estar permanentemente disponible, según esta experta, mantiene al sistema nervioso en un estado de hipervigilancia, como si estuviera amenazado. A nivel biológico, esto implica una producción continua de hormonas del estrés, como el cortisol y la adrenalina. Si la situación se prolonga, advierte, puede contribuir al desarrollo de cuadros de ansiedad y aumentar el riesgo de agotamiento laboral o burnout.
Sueño, irritabilidad y agotamiento: las primeras señales
La Organización Mundial de la Salud define el burnout como un fenómeno asociado al estrés crónico en el trabajo que no se ha gestionado adecuadamente. Entre sus características figuran el agotamiento, una mayor distancia mental respecto al empleo y una menor sensación de eficacia. No poder desconectar no implica, por sí solo, padecerlo, pero sí puede ser una señal para revisar las condiciones laborales y los hábitos personales.
Cuando la atención permanece ligada a las demandas profesionales incluso después de salir de la oficina, el descanso pierde su función. Las consecuencias más inmediatas, según los expertos consultados, son problemas de sueño, fatiga crónica, irritabilidad y cambios de humor. Son los territorios donde el desequilibrio emocional suele manifestarse primero, y donde conviene prestar atención antes de que la situación escale.
La investigación sobre recuperación laboral ha relacionado la capacidad de desconexión psicológica con un mejor descanso y un menor agotamiento emocional. Una revisión publicada en el Journal of Organizational Behavior por Sonnentag y Fritz identificó esta desconexión como una de las experiencias relevantes para recuperarse de las exigencias del trabajo.
Apagar el trabajo de verdad
Desconectar no se consigue simplemente cerrando el portátil o ignorando las notificaciones. Si la mente sigue repasando los mismos asuntos, puede ayudar establecer un pequeño ritual al terminar la jornada: anotar las tareas pendientes, decidir cuál será el primer paso al día siguiente y cerrar las herramientas de trabajo.
Entre las acciones concretas que recomiendan los expertos están fijar horarios laborales definidos, desactivar notificaciones fuera de ese horario y reservar actividades que faciliten la desconexión, como pasear, leer o cualquier práctica que implique atención al momento presente. Tartakowsky subraya que "ser responsable significa cumplir adecuadamente nuestras funciones; no necesariamente estar accesibles las 24 horas del día". La experta advierte que la expectativa de responder rápidamente puede convertirse en una exigencia internalizada, asociada al miedo a parecer poco comprometido.